
sábado 4 de Septiembre, 6: 00 P.m.
Biblioteca pública Francisco José de Caldas.
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Somos un colectivo en continuo crecimiento que busca plantear interrogantes, proponer ideas, realizar acciones en torno a la creación poética y sus disciplinas afines.

Autor: Elbert Hubbard.
Una carta definitoria es llevada por quíen sabe qué rutas indómitas, selváticas, que atraviezan la isla de Cuba, hasta las manos del General Calixto García, el cual nadie sabe exactamente donde se ubica. El hombre que emprende este relato es impulsado por la idea de su hijo, que le dice “que el héroe verdadero de la guerra de independencia de Cuba había sido Rowan” Solo este ser heroico tiene la capacidad de tomar la iniciativa, de no preguntar ¿Dónde está Garcia? Ni hacer “preguntas estúpidas”. Rowan emprende este cometido sin miramiento alguno, solo con el objetivo, solicitado por el presidente Norteamericano Mckinley, de llevar la carta a García.
Este fenómeno popular del género epistolar, data del año 1899, y aún persiste en el imaginario colectivo de una manera enigmática y eficaz. Afín a ciertas practicas oficiales y burocráticas, se ha introducido con pretensiones pedagógicas en instituciones técnicas y militares , ya que se trata de un texto anónimo masificado sin relevancia en el mundo de la gran literatura y de una ideologia marcadamente Burguesa, que tiene como fin la supervivencia de su mito.
Cuando Diego Cifuentes, joven trabajador en el sistema trasmilenio, prestó su servicio en la policia, en el modulo introductorio los distribuyeron en grupos de tres y un sargento les entregó fotocopiada, la carta a García, para sacar las ideas principales. Al incorporarse laboralmente al sistema transmilenio, tambien leyeron la carta a garcía, llevandola al teatro repetidas veces, Camilo representó el papel del presidente de Norteamérica, encomendando la misión a Rodwan de enviar una carta y recibiendo la carta que le enviaba García. Del contenido de la carta, me dice, no se sabe nada, porque se trataba simplemente de un sobre de utileria sin ningún contenido, vacío en su interior. Así como el sobre de la obra de teatro, el objetivo principal de este texto en apariencia filantrópico, es precisamente mantener la mente de los posibles aspirantes a ser “Rowan” en una vaciedad construida para cierta sensibilidad sin conciencia, sin distanciamiento crítico, que absorberá las ordenes del jefe prestamente, como unica posibilidad de llenarse de algo.


Lágrima en el péndulo
Aprieto los ojos
atraganto el dedo
y vomito
La mirona se soba los pies
desde el retrete ríe cuando estornudo
La soledad
Ese dolor oculto en la piel
aparece en el eco de los recuerdos
Es otra forma de morir
de permanecer aquí
adentro
ausente
ajeno de Dios
Ahora un leve quejido
Después de todo
quién puede remediar
el veneno de un viejo amor.

Seis Tumbas En Múnich
Mario Puzo
Novela.
Un vistazo en un morboso rótulo del club nocturno más de moda en Hamburgo y una Walther con silenciador calibre 9mm, la misma que acarició James Bond conocido también como el agente 007 se convertirá en la compañía más fiel y letal que tiene un asesino.
Del asesinato considerado como una de las bellas artes de Thomas De Quincey, este libro es la tensión más oscura y psicológica que debe saber un asesino. Rogan, el protagonista de esta novela lo sabe y a su vez lo lleva a la práctica. De torturado se transforma en torturador profesional. Las obsesiones íntimas, el dominio físico y filosófico en cada movimiento son estrategias que va elaborando a través de cada uno de sus asesinatos, el lector se obliga a seguirle la pista a cada tinta de sangre que se va desgranando en sus víctimas.
La mirada en la venganza se precipita en una búsqueda en clave descifrando la posición de la víctima y el victimario. Una tregua femenina se va incrustando con delicadeza en la vida de Rogan, pero a su vez es también la sombra que conoce sus debilidades y sus miedos.
Esta gran novela policiaca escrita originalmente por el autor de la saga de El Padrino, bajo el seudónimo de Mario Cleri nos transporta a la atmósfera sórdida del espionaje de los años cuarenta. Michael Rogan ingresa a la Sección de Inteligencia del Ejército Americano, poco después de casarse con Christine. Su misión secreta es el desciframiento de mensajes. Pero por un error fatal cae, junto a Christine en manos de la Gestapo para acabar en el Palacio de Justicia de Múnich asediado por siete verdugos que lo interrogan para que revele las claves de los códigos americanos. Diez años después, en 1955 dará comienzo a su despiadada cacería.
Wilson Díaz
Tilo y Anny Cerró la puerta con el mayor cuidado, metió las llaves en uno de sus bolsillos y comenzó a pasos lentos, rozando los ladrillos del piso, intentando en el fondo ser un ciudadano normal.
Sus pasos mecánicos lo llevaron al parque, atravesó sus puertas con una sonrisa inocente que imploraba alguien recibiera, más no sería por mucho; un paso más para descubrir el grupo de abuelos que rodeaban el parque -¡Qué estúpido!- pensó -ancianos en un parque- , suficiente para mutar su cara hasta no creer que podía sonreír con el mismo aliento que lo hacía odiar.
Siguió caminando con desánimo cuando encontró que su silla estaba ocupada por una pequeña figura: cabellos negros, con rizos que parecían un infinito oleaje, hebillas azules a cada lado de las sienes, no tendría que acercarse para ver su negra piel liza, que abajo se transformaba en el rojo de su vestido, que ajustaba todo su cuerpo, dejándole ver las formas prohibidas, que lo hicieron llevarse los dedos a la boca para lamerlos: -cinco años-, balbuceó intranquilo.
Giró entonces y con pasos largos dio una vuelta al parque, fijándose en cada persona que allí estaba, procuró sin embargo no detenerse a mirar a nadie. Luego caminó hacia la silla y se detuvo frente a esta:
-¿Puedo sentarme?
-Sí, sí señor.
Curvó su boca gentil pero miró rápidamente al suelo esquivando así los ojos de la niña, que tenía sobre aquella silla ollitas, platicos y vasos, y dos muñecos que tenían un palito en sus manos, asemejando cubiertos.
-¿Es el Papá?
Y permitiéndole ver sus perfectos dientes de leche le dijo:
-Sí, es el Papá y ella es la Mamá, ¿si los ve? –Se están comiendo el desayuno porque él se va a trabajar y llega hasta por la noche.
-¿Y la Mamá se queda o se va con él?
-No, se queda, no ve que se queda cuidándome, bueno –rió fuerte-, cuidando la hijita de ella.
-¿Y la hijita?
-¿Dónde está la hijita?
-¡Hay! Es que no la traje; Y no ve que si me voy me roban mis juguetes, por eso no la puedo traer.
-¿Luego vives muy lejos? Porque si no yo puedo cuidártelos.
-No, es allá mire, -Señaló con el dedo- por esas cuadritas de allá.
-Yo vivo en esa casa, la café, si la ves?
-Sí.
-Es más cerca y mi hija tiene muchas muñequitas que podrían ser la hijita, si quieres vamos y la escoges.
La niña lo miró seria y fijamente, enojada:
-Yo no voy con usted a ninguna parte.
Sintió que sus párpados cayeron pesados, como el frío que recorrió toda su piel por un segundo, y mirándola de nuevo, teniendo en su mente sólo la primera imagen de ella, le contestó un poco tarde, (imperceptiblemente tarde):
-No te preocupes, vamos que yo también necesito sacar un libro que se me olvidó traer. De paso compramos algo para la sed, ¿quieres?
Probablemente era este el instante que más temía, el de la victoria inconsciente, que desencadenaría el enorme miedo escondido; de los trayectos a la casa que estuviere ocupando cada vez; o peor aún, fracasar, despedirse amablemente en el mejor de los casos, (había niños que gritaban o lloraban alterados, y lo asustaban tanto que apenas podía huir).
-Bueno, vamos pero no nos demoramos porque me tengo que entrar.
-Sí. Tranquila.
Caminaron, llegaron a la casa, sacó las llaves de su bolsillo:
-Aaay, tan bonito el llavero, ¿me lo deja ver?
-Sí.
Entraron, le señaló una silla mientras cerraba, le dio el llavero:
-Voy por las muñecas.
-Mira, aquí están. Traje este jugo y mejor ahora compramos helado; tómatelo.
Salió de la casa a eso de las cinco. Al frente, en el parque, había dos motos y cuatro policías, y una señora gritando y llorando.
Caminó mucho, bebió mucho esa noche, les contó a sus compañeros de bebida que pronto se iría de la ciudad, qué lástima no haberles conocido antes, pero igual, él viajaba mucho.
Sacó el cadáver a eso de las tres de la mañana, volvió a entrar, y a las cuatro tomó un bus hacia la terminal de intermunicipales y compró un tiquete de vuelta a su pueblo.